Lectio Divina Domingo 9/1/2022

Evangelio

Lc 3,15-16.21-22: Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos.

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».
Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

Comentario

San Gregorio Nacianceno (330-390)

Homilía 39, para la fiesta de las Luces; PG 36, 349

«Se abrió el cielo»

Cristo se revela, dejémonos iluminar con él; Cristo se hace bautizar, descendamos al mismo tiempo que él, para ascender con él. (…) Juan está bautizando, y Cristo se acerca; tal vez para santificar al mismo tiempo a aquel por quien va a ser bautizado, y sin duda para sepultar en las aguas a todo el viejo Adán. Santificando el Jordán antes de nosotros y por nuestra causa; y de la misma manera que él mismo era espíritu y carne, para iniciarnos mediante el Espíritu y el agua… Jesús por su parte asciende también de las aguas. En efecto, lleva con él al mundo y le hace subir con él. «Ve como se rasgan los cielos y se abren» (Mc 1,10) que Adán había hecho que se cerraran para sí y para su posteridad, del mismo modo que se había cerrado el paraíso con la espada de fuego.

También el Espíritu Santo da testimonio de la divinidad, acudiendo, por cierto, a favor de quien es su semejante; y la voz desciende del cielo, pues se encontraba allí precisamente Aquel de quien se había dado testimonio; del mismo modo que la paloma, aparecida en forma visible, honra su cuerpo, ya que por deificación era también Dios. Así también, muchos siglos antes, la paloma había anunciado el fin del diluvio (Gn 8,11). (…)

Honremos hoy, por nuestra parte, el bautismo de Cristo, y celebremos con toda honestidad su fiesta. (…) Ojalá que estéis ya purificados, y os purifiquéis de nuevo. Nada hay que agrade tanto a Dios como el arrepentimiento y la salvación del hombre, en cuyo beneficio se han pronunciado todas las palabras y revelado todos los misterios. Sed «como fuentes de luz en el mundo» (Flp 2,15), para que os convirtáis en una fuerza vivificadora para todos los hombres. Sed como lumbreras perfectas que secundan la gran Luz, sed iniciados a l vida de la luz que está en los cielos; sed iluminados con más pureza y claridad por la Trinidad.

Preguntas para el examen

  • ¿Cómo valoro el don de mi Bautismo? ¿Qué puesto ocupa entre mis pensamientos, mis prioridades, lo que tengo como tesoro en mi corazón?
  • ¿Es Jesús para mí el Hijo Amado del Padre?¿Le escucho, como el Padre me dice? ¿Le reconozco como mi Señor y Salvador?
  • ¿Me acuerdo de que el Espíritu Santo reposa en mí como en Cristo, gracias a mi Bautismo? ¿Tengo una relación viva con él?
  • ¿Vivo como hijo de Dios? ¿Me acuerdo de que soy amado por el Padre, y Él se complace en mí? ¿Procuro corresponder con una vida de buen hijo?

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